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Jul

Dos nuevos estudios sobre los anticonceptivos hormonales y sus consecuencias en el aparato circulatorio

Es de sobra conocido el mayor riesgo de tromboembolismo venoso (TEV) de las usuarias de contraceptivos hormonales, y son muchas las que consideran que frente al consumo oral, los parches transdérmicos y los anillos intravaginales (que suelen tener menos carga hormonal) conllevan un riesgo menor de padecer este tipo de problemas. Sin embargo, un estudio publicado en el British Medical Journal realizado en Dinamarca asegura que no tiene porque seguirse esa correlación.

En el estudio se hizo un seguimiento de 1.626.158 mujeres de entre 15 y 49 años, sin antecedentes de TEV previo o cáncer, entre 2001 y 2010.

El objetivo era conocer la incidencia y el riesgo relativo de padecer TEV en las usuarias que usaban el parche, el anillo o el implante subcutáneo, frente a las no usuarias de anticonceptivos hormonales, y frente a aquellas que consumían esos anticonceptivos de forma oral.

Se observó a 9.429.128 mujeres/año, computándose 5.287 TEV, de las cuales 3.434 fueron confirmados. En las mujeres no usuarias de AC la incidencia de TEV fue de 2,1 por cada 10,000 mujeres/año. Estos diagnósticos fueron confirmados al menos cuatro semanas después, tras someterse a una terapia anticoagulante.

En comparación con las no usuarias de la anticoncepción hormonal, y después de ajustar por edad, año natural, y educación, el riesgo relativo de trombosis venosa confirmada en las usuarias de parches transdérmicos de anticoncepción combinados fue de 7,9 (95% intervalo de confianza 3,5 a 17,7) y del anillo vaginal de 6,5 (4,7 a 8,9).

El riesgo relativo fue mayor en mujeres que utilizaron implantes subcutáneos (1,4, 0,6 a 3,4), pero no en aquellas que utilizaron el sistema intrauterino de levonorgestrel (0,6, 0,4 a 0,8). En comparación con las usuarias de los anticonceptivos orales combinados que contienen levonorgestrel, el riesgo relativo ajustado de trombosis venosa en las usuarias de parches transdérmicos fue de 2,3 (1,0 a 5,2) y del anillo vaginal 1,9 (1,3 a 2,7).

Conclusión: Las mujeres que usan parches transdérmicos o anillos vaginales para la anticoncepción tienen 7,9 y 6,5 veces más riesgo de trombosis venosa confirmada en comparación con las no usuarias de la anticoncepción hormonal de la misma edad.

Pero los problemas circulatorios asociados a la ingesta de anticonceptivos pueden empezar mucho antes.

Hace unos días el «European Journal of Preventive Cardiology» publicó un estudio que aseguraba que la tensión arterial de las jóvenes era más elevada de lo normal a causa de la ingesta de alcohol, pero también del uso de la píldora anticonceptiva.

Los investigadores, del Hospital Royal Perth, la Universidad Notre Dame (ambos de Australia) y del Instituto Telethon de Salud Infantil; realizaron un estudio a 1.248 jóvenes de 17 años.

Los datos demostraron que el consumo de alcohol por parte de las adolescentes incrementaba su presión sistólica en casi 2mmHg, y que el consumo de la píldora anticonceptiva la elevaba todavía más (3.2 mmHg) en comparación con aquellas jóvenes que no la tomaban (70%).

Los estrógenos son los principales acusados, según los expertos, de este aumento de la presión sanguínea, pero destacan que los hábitos de alimentación y actividad física (que también se alteran a esa edad) juegan un papel muy importante. La obesidad unida al consumo de hormonas es, por tanto, el camino a evitar en las adolescentes para eludir futuros problemas circulatorios y cardiacos. Por esta razón, el autor principal del estudio, el doctor Chi Le-Ha, recomienda que los especialistas pertinentes aconsejen a las adolescentes que toman estos anticonceptivos orales, que se hagan revisiones y controlen su tensión arterial para evitar posibles riesgos cardiovasculares en el futuro.

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