15
Jun

La radiación en niños y sus consecuencias

Esta semana hemos podido leer en medios generalistas y blogs de expertos en medicina una noticia relacionada con el mayor riesgo de padecer un cáncer en aquellos niños a los que se realiza un TAC.

El dato proviene de un reciente estudio, publicado en Lancet el pasado 7 de junio, financiado por el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU y el Departamento de Salud del Reino Unido. El objetivo del estudio era evaluar el exceso de riesgo de leucemia y tumores cerebrales después de someterse a la tomografía computarizada en una cohorte de niños y adultos jóvenes.

En el estudio se incluyeron pacientes sin diagnóstico de cáncer anterior, que fueron examinados por primera vez con TC en el Servicio Nacional de Salud en los centros de Inglaterra, Gales o Escocia entre 1985 y 2002; cuando eran menores de 22 años de edad. Para evitar la inclusión de la TC en relación con el diagnóstico de cáncer, el seguimiento de la leucemia comenzó dos años después de la primera TC y en los tumores cerebrales cinco años después de la primera TC.

Durante el seguimiento, 74 de 178.604 pacientes fueron diagnosticados con leucemia y 135 de 176.587 pacientes fueron diagnosticados con tumores cerebrales. Se observó una asociación positiva entre la dosis de radiación de las TC y la leucemia (exceso de riesgo relativo [ERR] por mGy 0,036, IC 95% -0 0.005 · 120, p = 0,0097) y los tumores cerebrales (0,023 , 0,010 -0 · 049, p <0,0001). Debido a que este tipo de cánceres son relativamente raros, los riesgos absolutos acumulados eran pequeños.

Los expertos recomiendan no abusar de esta prueba complementaria pero, según afirman, en ocasiones la solicitan llevados por la llamada medicina defensiva,  que apuesta por sobretratar al paciente con el objetivo de hacer todo lo que se pueda para sanarle. Sin embargo, la mayoría considera necesario racionalizar el uso de pruebas radiológicas en la infancia, además de la creación de un “carnet radiológico” donde quede constancia de las radiaciones “médicas” que una persona recibe a lo largo de su vida.

Los TAC no son las únicas pruebas radiológicas que han pasado por este debate, hace unos meses ya se habló de otra investigación estadounidense que  revelaba que aquellas personas que se habían sometido de forma habitual a radiografías dentales podrían tener más riesgo de desarrollar un meningioma cuya aparición siempre se ha relacionado con la exposición ionizante.

Para terminar esta reflexión sobre la radiación aprovecharemos una imagen muy aclaratoria facilitada por el pediatra José Cristóbal Buñuel  en su blog que compara la radiación que produce un TAC con la producida por una radiografía de tórax.

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