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Jun

La presbicia, el tono postural y el miedo a la oscuridad en adultos

Las diferencias entre hombres y mujeres o  entre niños y adultos no son en muchas ocasiones relevantes desde el punto de vista de la salud. Hoy veremos cómo los condicionantes externos, a veces, influyen más que las propias características biológicas.

¿Afecta antes la presbicia a las mujeres que a los hombres?

Tras realizar un meta-análisis de  9 estudios científicos publicados sobre las diferencias en la aparición de la “vista cansada” en cuestión de sexo, el grupo de Adam Hickenbotham ha publicado los resultados en la revista Investigative Ophthalmology & Visual Science. 

Los investigadores concluyeron que todos los estudios coincidían en el hecho de que  las mujeres presentaban de una manera más temprana la presbicia que  los hombres. Sin embargo cuando estos estudios se limitaban a medir solamente la amplitud de acomodación, no lograban encontrar esas diferencias entre géneros.

Esto sugiere que la diferencia de afectación  no se debe a diferencias fisiológicas en la acomodación con respecto a los hombres. La lógica apunta  más bien a las diferencias en el tipo de tareas de cerca realizadas por las mujeres con respecto a las desarrolladas por los hombres, sumando la distancia de trabajo a las que éstas las realizan; como posibles factores que pudieran explicar la aparición más temprana del uso de gafas de cerca.

El tono postural

El término tono muscular es más que de sobra conocido, pero ¿ocurre lo mismo con el término tono postural? El siguiente extracto del post publicado por el fisioterapeuta David Aso, intentará aclarar ese concepto.

“En una postura, asimilando y fijándonos en lo que consideramos normal, existe una colocación de una serie de estructuras que el sistema nervioso central realiza de manera automática, elementos como huesos, cartílagos, ligamentos, tendones y músculos (con su tono) que hemos ido aprendiendo durante nuestro desarrollo neuropsicomotriz.

Ésa colocación suele ser alineada, para buscar el ahorro energético así como la facilitación para poder reclutar tono y preparar el movimiento de manera más rápida y eficaz posible. 
Cabe diferenciar, que existe en nuestro cuerpo la “convivencia” del tono postural dependiendo del objetivo que tenga la articulación en ése momento. Es decir, una articulación con un tono postural alto, dará una estabilidad para que otra con un tono postural más bajo pueda desarrollar un movimiento selectivo y más “fino”. Por ejemplo, a la hora de escribir, tenemos un aumento del tono postural en la muñeca para que los dedos puedan realizar el movimiento selectivo de desplazar el bolígrafo sobre el papel y dibujar las letras.

Además, existen factores externos que influyen directamente en el tono postural general debido a la interpretación sensorial que ejecuta nuestro SNC gracias al envío de información de nuestros exteroceptores: la base de sustenciación, la consistencia, el grado de estabilidad o movilidad, las posiciones en el espacio y su relación con la gravedad, la forma de utilización de los objetos, la velocidad de ejecución del movimiento, la imagen que la persona tiene del movimiento y el miedo a la aparición del dolor.

El miedo a la oscuridad en los adultos

Un estudio realizado en Toronto con estudiantes universitarios ha puesto de manifiesto un factor que contribuye al desarrollo del insomnio, el miedo del adulto a la oscuridad.

Casi la mitad de los estudiantes que manifestaron haber tenido problemas de sueño, confesaron tener miedo a la oscuridad; pero los investigadores confirmaron objetivamente este hecho mediante la medición de las respuestas de parpadeo a  ráfagas de ruido súbito en los alrededores con luz y con oscuridad.  Aquellos que dormían bien se acostumbraron a las ráfagas de ruido, pero los que tenían un sueño más “pobre” desarrollaban más anticipación cuando las luces estaban bajas.

Está demostrado que uno de los tratamientos más eficaces para el insomnio es salir de la  habitación oscura e ir  a otra habitación, iluminada; sin embargo, esto no sería una manera de tratar una fobia relacionada con la oscuridad, según los expertos que realizaron el mencionado estudio.

La siguiente pregunta planteada, y relacionada con este hecho es ¿cuántas personas en realidad tienen esta fobia activa y no tratada?.

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