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Jul

La esperanza de vida de unos y otros

Hoy mismo hemos conocido una gran noticia, la esperanza de vida de las personas con síndrome de Down ha aumentado hasta los 60 años. El dato se ha recordado en la presentación por parte de Down España de cinco guías médicas que ayudarán a los médicos de Salud Mental, Ginecología, Atención Bucodental, Oftalmología y Atención al Adulto, a tratar correctamente con pacientes de estas características.

Las guías están elaboradas por 8 sociedades científicas con la ayuda de la Organización Médica Colegial (OMC) y proporcionan una información concisa y directa sobre cómo abordar en consulta los problemas más frecuentes y las revisiones más recomendables para las personas con esta discapacidad intelectual.

El momento más complicado para una persona con síndrome de Down son las horas anteriores y posteriores al nacimiento. Una vez evitada la muerte perinatal, requieren cuidados médicos de calidad. De hecho, el aumento de la esperanza de vida es la razón de que se requieran guías específicas que ayuden a los especialistas, ya que en muchas ocasiones éstos continúan acudiendo al profesional pediátrico hasta edades más avanzadas porque es el único experto que ha sido formado para enfrentarse a sus patologías y necesidades.

Según los especialistas en la materia una de las mayores dificultades es tratar la salud mental de este colectivo (hay pocos estudios al respecto en población adulta) y poder conocer los síntomas reales que padecen, porque normalmente tienen problemas para describir sus sensaciones y tienen más alto el umbral de tolerancia al dolor.

Debido a estas complicaciones se pretende familiarizar al profesional médico sanitario con aquellas patologías que pueden surgir en determinados momentos del ciclo vital de las personas con síndrome de Down, un colectivo que en la actualidad agrupa a más de 34.000 personas en nuestro país.

El Presidente de Down España puso de manifiesto durante la presentación de las guías que la corriente de estudios actual va encaminada a saber cómo envejecen para poder aumentar su calidad de vida en esa etapa. Igualmente, se destacó la necesidad de que los especialistas reciban formación sobre este tipo de pacientes, que requieren una atención especializada concreta.

La segunda noticia de la semana relacionada con la esperanza de vida nos llega desde EE.UU. de la mano de un grupo de Investigadores del Hospital Brigham and Women y de la Universidad de Harvard. Este grupo ha realizado un análisis de los datos recogidos por las Encuestas de Salud y Nutrición Nacional entre 2006 y 2010 para conocer el grado de sedentarismo en la población y también comprobó la literatura científica existente sobre la combinación de la mortalidad y el sedentarismo. Al comparar todos los datos obtuvieron los resultados publicados en la revista ‘British Medical Journal Open’.

Según indica el artículo la conclusión extraída es que los adultos estadounidenses pasan un 55% del día ocupados en tareas sedentarias. Pero lo más sorprendente del estudio es que si estas personas reducían ese tiempo a menos de tres horas por día su expectativa de vida aumentaba en dos años. Y lo mismo sucedía con la reducción del tiempo que pasaban delante del televisor: menos de dos horas diarias frente al televisor, aumentaba la esperanza de vida en 1,38 años más.

Ya eran conocidos los efectos nocivos del sedentarismo, y aunque los autores afirman que este resultado no quiere decir que una persona sedentaria vivirá dos años menos que alguien más activo; se espera que sea un empujón más para que la población comience a llevar una vida menos sedentaria y más saludable.

Pero no todo son buenas noticias, otro estudio norte-americano publicado en la revista Economics & Human Biology destaca que las madres que pierden a un hijo se enfrentan a un riesgo mayor de fallecer.

Los investigadores utilizaron datos del censo de 69,224 madres de 20 a 50 años. La mortalidad general del grupo era baja; pero en los dos años posteriores a la muerte de un hijo, las probabilidades de fallecimiento de la madre aumentaron en más de tres veces.

Los factores que influyen en esta probabilidad son evidentes: edad de la madre en el momento de la muerte, economía familiar, etc…; sin embargo, el nivel educativo o la raza no fueron determinantes. A pesar de la falta de estudios que determinen que una persona puede morir de pena, se ha demostrado que el sentimiento materno puede llegar a saltarse ese tipo de límites científicos.

 

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