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Jul

Gestionar el miedo, la angustia y la incertidumbre de los pacientes

Son muchas las ocasiones en que un facultativo médico se encuentra en la situación de tener que dar una mala noticia a un paciente, o enfrentarse al miedo de los pacientes ante un mal diagnóstico. Pero ¿cómo deben darse las malas noticias? ¿Es bueno utilizar eufemismos? ¿Hay que incluir palabras que induzcan a la esperanza y el optimismo, o es mejor ser realistas? ¿Qué hacer si el paciente quiere saber si va a morir?

Lamentablemente no existen estrategias (pero sí recomendaciones) para saber cómo hacerlo de la mejor manera posible, aunque algunos expertos consideran que dar falsas esperanzas puede ser contraproducente.

Una cosa importante a tener en cuenta es poder identificar a qué tipo de paciente hacemos frente. Una persona con la mente muy “cuadriculada” intentará enfrentarse al diagnóstico desde el punto de vista numérico o biológico, mientras que otros se dejarán llevar por las emociones o sensaciones…y un médico empático tendrá en cuenta estos factores a la hora de comunicarse con ese paciente.

Según se relata en el blog KevinMD.com los momentos más duros para el médico son los que trascurren desde que son conocedores del diagnóstico hasta que lo comunican al paciente. En esos minutos, horas o incluso días, el médico no sabe cómo reaccionará su paciente ante las malas noticias. Una vez comunicado el diagnóstico el médico desciende de esa posición superior que le otorga el ser el único conocedor de la información y puede volver a la realidad para acercarse a su paciente.

Pero a veces el miedo no es la consecuencia de la enfermedad, sino su causa.

El pasado martes, el reconocido médico de familia Salvador Casado publicó un artículo en la versión española del Huffington Post sobre el miedo como patología. En este artículo reflexionaba sobre cómo dadas las circunstancias económicas y sociales de nuestro país el miedo empieza a constituir una amenaza para la salud. Mucha gente sufre ansiedad y estrés por su propia situación económica, pero en muchos casos basta con ojear los medios de comunicación para provocar la angustia.

“La tensión psicológica mantenida, que habitualmente denominamos estrés, puede tener efectos deletéreos. El cerebro humano consume el 25% de los recursos energéticos corporales. Llevamos un motor neuronal sobre los hombros de alta cilindrada, dependiendo de cómo pisemos el acelerador gastará más o menos. Y las preocupaciones o pensamientos rumiantes nos hacen pisar a fondo el acelerador”, afirmaba el doctor Casado.

Los médicos de familia lo ven a diario en las consultas, personas que presentan cansancio y dolor, que son exploradas sin encontrar ninguna causa biológica a sus males, y que son diagnosticados de estrés. Ante esta situación el doctor Casado recomienda a los pacientes tomar conciencia de lo que les está pasando y por qué, para que puedan así “resituarse y hacer los cambios convenientes en su vida”. Prevenir el miedo de los pacientes, ante la enfermedad e incluso ante los problemas diarios de la vida, puede considerarse un tipo de prevención cuaternaria, ya que la generación de ese miedo puede desencadenar en patologías físicas y psíquicas posteriores.

Para asimilar todas estas situaciones también es muy importante el desarrollo de cierta capacidad de resiliencia, entendida como la capacidad de hacer frente a las adversidades, superándolas y sacando su lado positivo. El desarrollo de este tipo de capacidades debe empezar en la infancia para evitar sufrir futuros trastornos de salud derivados del estrés. A este respecto, la Academia Americana de Pediatría ha creado una guía para que los padres aprendan cómo desarrollar la resiliencia en sus hijos donde se destacan las llamadas “7 C’s de la resiliencia”: competencia, confianza, conexión, carácter, contribución, confrontación y control.

 

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