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Aug

El ruido impide la curación

The New York Times Health publica hoy un artículo que relaciona el exceso de ruido con la lentitud en la mejoría de los pacientes. Los trabajadores de cualquier centro sanitario de nuestro país ya conocen que los pacientes que se encuentran en zonas de espera suelen desatender el ruego de permanecer en silencio; sin embargo esa no es la única fuente de ruido que podemos encontrar, ni mucho menos.

Cualquier persona que haya estado ingresada alguna vez en un hospital, o que haya permanecido como acompañante, sabe lo complicado que se hace el descanso a causa de las visitas, las tomas de medicación, las pruebas, el ruido que emiten las máquinas, etc…pero ahora se ha demostrado que esos ruidos pueden entorpecer el proceso de curación del paciente.

La Doctora Pauline W. Chen, destaca en su columna (Doctor and Patient ) que son muchos los pacientes que se han quejado de estos ruidos durante años, y que aún así normalmente son ignorados por administradores, enfermeras e incluso médicos que consideran más importante las alertas de la multitud de alarmas y maquinaria que el propio descanso de los pacientes.

Un estudio realizado este año en la Universidad de Chicago encontró que el promedio de nivel de ruido en una habitación de hospital superaba ampliamente los 30 decibelios (un poco más fuerte que un susurro) y que en ocasiones se alcanzaban máximas de ruido cercanas al nivel de una sierra eléctrica. Los pacientes que se encuentran en salas ruidosas duermen una hora menos, de media, que los que duermen en habitaciones más tranquilas. Y estas horas de sueño perdidas repercuten en la presión arterial de los pacientes, lo que evidentemente perjudica la recuperación.

Otro estudio, publicado en junio de este mismo año en ‘Annals of Internal Medicine’, se centró aún más en los efectos negativos de los ruidos sobre los pacientes.

Para medir el volumen necesario para despertar a una persona, Orfeu M. Buxton y sus colegas monitorearon el sueño de 12 personas sanas mientras los investigadores hacían ruido en la habitación donde dormían. Muchos de los ruidos a los que fueron sometidos fueron grabados en un hospital real, incluyendo alarmas, personas hablando, aviones sobrevolando y un carro de lavandería pasando por el pasillo. Los ruidos eran emitidos uno por uno, primero a un volumen similar a un susurro, que luego iba elevándose hasta que la persona despertaba o llegaba a los 70 dB.

Los resultados mostraron que las alarmas y voces eran los ruidos más molestos a la hora de interrumpir el descanso; destacando que incluso durante el sueño profundo, más de la mitad de las personas se despertó cuando la alarma sonaba a un nivel de susurro. Según el autor principal del estudio esa respuesta se debe a la percepción de amenaza que suponen esos ruidos para la persona. En casi todos los casos las personas no recordaban haberse despertado por los sonidos, pero sí se sentían menos descansadas. Todos los participantes eran personas sanas que no estaban ingresadas, lo que hace pensar que la molestia será mayor en pacientes enfermos y hospitalizados.

Cierto sector de la industria sanitaria también se está concienciando a este respecto y algunas empresas ya trabajan en dispositivos médicos más respetuosos, que por ejemplo aprovechen la tecnología inalámbrica y canalicen las alarmas sólo al médico o enfermera responsable.

Pero el problema no son sólo las máquinas, sino el enfoque en la atención del paciente. El personal hospitalario se adecúa a su propia conveniencia, ya sea por horario o por mala distribución o gestión, pero el paciente es el perjudicado que ve interrumpido su sueño en más de una ocasión innecesariamente. Esta es una de las denuncias que realiza la organización sin ánimo de lucro Planetree, que trabaja para ofrecer una atención sanitaria más centrada en el paciente.

En Estados Unidos algunos centros han iniciado campañas para cambiar esta cultura del ruido, como “Shhh“, “Hush” (Ayúdanos a apoyar a la curación) o simplemente “Too loud“, donde incluso se instalan medidores de sonido en forma de semáforos que cambian de color en función del nivel de ruido.

Por tanto, queda demostrado que es tarea de todos procurar un entorno más agradable y menos ruidoso para los enfermos con el objetivo de favorecer su mejoría y a consecuencia la eficiencia y eficacia del trabajo médico.

 

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