20
Nov

Día Universal de la Infancia

Ayer hablamos de prematuros y hoy lo hacemos de niños en general, de los sanos y de los que no lo están, de los que tienen una dieta saludable y de los que apenas tienen qué comer, por ellos hoy se conmemora en todo el mundo el Día Universal de la Infancia.

Este día fue elegido por la Organización de Naciones Unidas para firmar la Declaración de los Derechos del Niño en 1959 y la Convención de los Derechos del Niño en 1989; pero aún después de tantos años queda mucho trabajo por hacer y muchos derechos por conseguir en el día a día.

Hace doce años, durante la Cumbre del Milenio se estipuló como fecha máxima el año 2015 para conseguir los siguientes objetivos: Erradicación de la pobreza extrema y el hambre, educación universal, igualdad entre géneros, reducción de la mortalidad de los niños, mejora de la salud materno-infantil, combatir el VIH/SIDA, conseguir cierta sostenibilidad medioambiental y fomentar una asociación mundial.

A tres años del límite casi todos estos objetivos están sin cumplir, y muchos de ellos están directamente relacionados con la salud y el sistema sanitario. En concreto queremos hacer incidencia en la erradicación del hambre (que se cobra 10.000 vidas de niños diarias), en la mejora de la salud materno-infantil (imprescindible para ampliar la esperanza de vida de los niños) y la lucha contra el SIDA (una de la enfermedades más extendidas en regiones desfavorecidas y que requiere de la concienciación de los profesionales médicos de esas zonas para poder así hacérselo llegar a la población común. Pero todos estos objetivos no nos quedan tan lejos, no están solo a cientos de kilómetros, los tenemos aunque en menor escala a la vuelta de la esquina: niños con déficit nutricional por culpa de la crisis, falta de horas de sueño, relaciones sexuales de riesgo (coincidiendo con este tema podemos destacar el post de hoy del blog La mamá pediatra) que pueden acabar en contagios de enfermedades de transmisión sexual, malos tratos, etc… Y en todos estos temas los médicos, y concretamente los pediatras tienen mucho por hacer: desde la concienciación más cercana con padres y pacientes, al control y vigilancia de los síntomas y signos que manifiestan los niños, hasta la participación activa (como cualquier ciudadano) en campañas de colaboración como la lanzada por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) para conseguir que la esperanza de vida de muchos niños algún día deje de medirse en horas o en días.

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